La familia
Algo más valioso que el dinero, también es el compartir con tus seres queridos. Así como por ejemplo, sé que no hay precio ni nada que pueda valer más que el estar con mi hermana, hijo, pareja u otro ser amado. Lo anterior puede sonar coloquial, pero cuando se siente lo que yo sentí y lo que siento cuando estoy con ellos, cobra todo el sentido del mundo. Por cierto ángulo, mi descripción puede sonar irónica y sin autoridad, ya que mi tiempo aún lo estoy vendiendo. Sin embargo, lo escaso de ese activo más preciado es que trato de invertirlo con mi familia y el retorno que obtengo es invaluable.
Lo mismo sucede con uno mismo. la apatía y la dependencia, son aspectos de intentos sin acabar. En su reemplazo entra el esfuerzo la inteligencia el atrevimiento y el retarme constantemente a hacer cosas que no sé, no me gustan o incomodan y muchas cosas más. Todo eso es más preciado que el dinero.
Si tengo un mal sueldo, me esfuerzo para generar más, si paso hambre en lugar de prestarme, aguanto el hambre para que sea el motor de la idea que pensaré y pondré en acción, para no volver a pasar esa hambruna. No evado, no escapo, aguanto, pienso y actúo.
Aguanto, pienso y luego existo.
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