La envidia silenciosa
Muchas veces, la percepción sobre si mismos no es la "correcta" o la que creemos que es. Los defectos no son algo del cual el ser humano se enorgullece, sino todo lo contrario, trata de maquillarlo, esconderlo o negarlo. La envidia es uno de ellos. Conocido también como uno de los pecados capitales, se disfraza y esconde para salir en las situaciones menos pensadas sin darnos cuenta.
Siempre creí que era una buena persona exenta de envidia. Sin embargo, soy persona buena, pero también "envidiosa". Se dice que el primer paso para solucionar algún tipo de deficiencia es aceptando tener uno. Si se niega fehacientemente, no existe, y no se puede cambiar algo que no está.
Mientras miraba la foto de mi primo recordaba la percepción que tengo sobre algunos más de ellos, me pregunté, "¿les tengo envidia?" Me respondí, "para nada. No están en la posición a la que quiero llegar. No es el estilo de vida que quiero tener. No anhelo sus costumbres y gustos comunes como los viajes, la ropa o diversiones".
Dicha respuesta fue la que germinó la siguiente pregunta determinante.
¿Si tuviera el dinero suficiente, mis gustos, que se rigen por mis objetivos, cambiarían?
De manera automática, me dije "no, puede que sí, nunca se dice, nunca"; tal vez cambiarían. Pero eso no es lo importante acá, lo realmente relevante son las posibilidades, oportunidades, el abanico de opciones.
Entonces, fue en ese momento en que me di cuenta que no le tenía envidia a lo que hacían o lograban, sino al hecho de tener la libertad financiera con el cual hacían realidad sus anhelos, gustos y objetivos.
Sin darme cuenta, sentía una envidia silenciosa, el cual no fue fácil detectarla, pero de la cual estoy orgulloso de haberla encontrado. Con eso estoy seguro de mi crecimiento reflexivo. Aceptarlo o asumir que lo tenía, fue el primer paso. Luego, una serie de cuestiones rigurosas y respuestas totalmente sinceras fueron los pilares determinantes para llegar a la conclusión ya expuesta.
Finalmente, después de felicitar a mi primo por la actitud que imponía en la foto, mirándolo con orgullo y admiración, me sentí libre. Como si soltara una carga que no sabía que tenía. Fue una purga mental.
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